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COMCOSUR AL DÍA - AÑO 10 - Nº 1484

Lunes 14 de Enero de 2008

Producción: Andrés Capelán

Coordinación: Carlos Casares y Yessie Macchi

COMCOSUR / COMUNICACIÓN PARTICIPATIVA DESDE EL CONO SUR

 

 

Escuchar a Chávez

 

Por Jorge Gómez Barata

Enero 14, 2008

En los ambientes políticos, donde falta ética y sobra hipocresía, mendacidad y cantinflismo y donde las palabras no son para decir la verdad, sino para ocultarla, Hugo Chávez es una excepción. Sus referencias a la situación de la guerra en Colombia y al status de las FARC son un ejemplo.

Siempre me ha parecido un acto de omisión y un abandono de sus obligaciones la negativa de algunos gobiernos que, haciéndose pasar por "duros" se niegan a: "Negociar con terroristas", incluso cuando esos elementos tienen en su poder a ciudadanos por cuya seguridad los estados responden. Lo peor ocurre cuando se nos trata de persuadir de que esa actitud es correcta porque se apega a la ley.

En esos casos es como simular que un problema no existe, dar la callada por respuesta y la espalda a responsabilidades y deberes con una excusa trivial. Eso es exactamente lo que ocurre en Colombia, donde con la aplicación de una nomenclatura que puede ser viable en Washington o Paris donde no hay guerras civiles, el gobierno colombiano pretende justificar su inacción.

La etiqueta de terrorista impide hablar y negociar con las FARC y sin hablar y sin negociar es imposible resolver un problema político-militar existente hace más de cuarenta años: ¡Quitemos la etiqueta! Es lo que ha dicho Chávez, porque la etiqueta estorba y paraliza.

Es verdad que pudo haberlo dicho de otra manera, escoger otro escenario y quién sabe si entonces no hubiera sido tan claro. Él prefiere la claridad y personalmente se lo agradezco, sobre todo porque el cantinfleo y la retórica versallesca aburren, como aburren las absurdas apelaciones de Uribe a la "seguridad democrática" en un lugar donde no hay democracia ni seguridad.

Recuerdo que en los años sesenta, cuando se reflexionaba sobre la lucha armada en América Latina y se teorizaba sobre la pertinencia del foco guerrillero, algunos revolucionarios se referían con matices críticos a las llamadas "zonas de autodefensa", que era la modalidad de lucha armada practicada en Colombia y que consistía en la ocupación por la guerrilla de un territorio, generalmente apartado, en el que se libraban acciones cuando el ejercito se presentaba, de lo contrario se organizaba una especie de Estado dentro del Estado. De ese modo la guerrilla nunca era derrotada aunque nunca tomaba el poder.

De entonces acá han pasado cuarenta años y la situación sigue igual, con el añadido de que las zonas de autodefensa (ignoro si aun las llaman así) son enormes y constituyen un espacio político-militar real.

La persistencia del problema y de ese estilo de operar en lugares remotos se ha complicado con la introducción del problema de los cultivos ilícitos de drogas y de las bandas de narcotraficantes que también operan en zonas inhóspitas.

Todo se agrava con la ingerencia norteamericana que ha mezclado tres asuntos: guerrillas, terrorismo y drogas donde sólo hay un fenómeno político-militar que el Estado Colombiano y los guerrilleros podían y pueden resolver por ellos mismos.

En tanto años, con tanta sangre y violencia se introdujeron elementos como el paramilitarismo y la contrainsurgencia, el terrorismo de Estado y, como parte del mismo proceso, las tácticas de lucha de la guerrilla se degradaron, llegando a apelar a la toma de rehenes. En realidad se formó un nudo gordiano.

No me extrañaría que Chávez, con su vasta cultura histórica, que expone de modo magistral, conozca la leyenda de cómo Alejandro Magno desató el "nudo gordiano". El amarre era tan complicado y estaba tejido con hilos tan finos que era imposible de zafar. Ante ese hecho, Alejandro no vaciló, pidió un alfanje y con un magnifico tajo, lo corto.

De eso se trata exactamente, no sólo de hablar sido de hablar claro para, de una vez por todas, cortar el nudo y de ser consecuentes con la transparencia política, desterrar la diplomacia secreta y tener lideres que prefieran gobernar con las puertas abiertas.

Claro está, que un poco de mesura y de cálculo no estorba, sobre todo cuando cada palabra del líder bolivariano es esperada por los revolucionarios, los partidarios y los amigos con autentico afán de orientarse y, lamentablemente también por los adversario y enemigos que las escrutan y las deforman para encontrarle defectos y manipularlas. Mientras menos oportunidades se le den mejor.

 

 

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