

Globalizar la confianza para conquistar la felicidad
Por Montserrat Ponsa i Tarrés
18/04/08
Duele comprobar que nadie está contento, nadie es feliz. ¿Por qué no intentamos globalizar la confianza, la felicidad, el amor?
Vean a los niños, obligaciones que, si bien los padres argumentan que son ellos, los niños quienes exigen actividades múltiples extraescolares, les producen un agobio tal, que no les queda tiempo para jugar, aquel esparcimiento que recuerdo con ternura de mis años infantiles. Ahora, las obligaciones se propician para que los niños no deban permanecer solos en el hogar familiar. Los padres trabajan más de la cuenta para poder soportar la exagerada economía de la cual son víctimas. Resultado: niños desdichados, sin esperanza, y que el infortunio conduce, a menudo, a la rebeldía.
¿Saben que los niños no pueden ahora estar enfermos, quedarse en la cama aunque tengan fiebre? ¿Quien va a cuidarles? ¿Permanecerán solos en la casa? Los Derechos de los Niños son pisoteados.
¿Qué ocurre con nuestros adolescentes? Hastiados de todo, sin ilusión para otra cosa que el consumismo, ninguna afición a las artes, la lectura, el deporte. Exagero pero así es la mayoría. ¿Donde conduce este proceder? Despiste en los estudios, nadie puede reprenderles, lo saben todo, se mofan de sus mayores, saben más de la vida y de sus “secretos” que cualquiera de nosotros, los adultos. ¿Como atajar estas situaciones? Por comodidad la mayoría de padres abandonan su exigencia, total, hacen lo que les viene en ganas... ¿Son felices? Rotundamente NO. ¿Como actuar para ganar su confianza? La educación no se impone, se vive en la família, en los centros escolares, en los liceos, Nadie puede suplir al otro, tiene que ser en común, haciendo piña. Aquí nos encontramos con Derechos y Deberes, obligaciones de unos con otros, al unísono, so pena de perder la dignidad. Los jóvenes, para demostrar que están vivos y que sus padres les presten atención son capaces de cualquier acción sensacionalista...
¿Y los adultos, somos felices en esta sociedad que entre todos hemos construido? Terminantemente NO. El trabajo obliga, demasiadas horas fuera de casa, las labores domésticas no son valoradas de ahí que todo el mundo quiere ganar dinero aunque sea a costa de perder la intimidad, la convivencia, el cariño de pequeños y mayores. Si la familia tiene capacidad económica el afecto ma/paternal se suple por personas ajenas a la família. Se llevan los bebes a los centros maternales, los niños comen fuera de casa, horrible dicen ellos la comida que nos dan, pero, ¿qué importa? Y las parejas, ¿cuando se ven? ¿como congeniar trabajo-família?
No hablemos de los ancianos, abandonados a su suerte, en sus casas los que se pueden valer por si mismos pero si no es así, residencia-asilo y, una vez por semana visita de.... en el mejor de los casos. Soledad, tristeza, abandono, desequilibrio total.
¿Alguien es feliz? ¿Es este sistema de vida el que nos apetece?
Tantas cosas a discutir, ¿porqué no empezar por esta tan básica, como queremos organizar nuestro día a día?
Hablar, razonar, discutir, comer en casa, y, si no podemos tener dos casas ¿porqué no apañarse con una y gozar de ella? Si no podemos viajar al confín del mundo, ¿porqué no mostrar a nuestros hijos-nietos las maravillas de la Naturaleza, del firmamento, del mar, del disfrute de los amigos..., dispongámosles a escuchar el silbido del viento, el movimiento de las olas, el silencio del bosque, la inmensidad de las estrellas, el olor de la tierra, el sabor de lo simple preparado con cariño?
Como afirma Pedro Casaldàliga, “seamos obreros de las utopías...” nos conducirán a buen puerto, a mejor vida, al encuentro de los “otros”. ¿Qué soy yo sin el otro? En ellos encontraremos la ansiada felicidad, sosiego, paz. Mejoraremos nuestra sonrisa, nos-otros nos sentiremos útiles.
Montserrat Ponsa i Tarrés
monpontar@hotmail.com