

Discurso del Senador Antonio Peredo al aprobarse la Convocatoria a la Asamblea Constituyente
(4 de marzo de 2006)
Marzo 16, 2006
Los sueños se cumplen. Y hoy día estamos asistiendo a ese hecho trascendental. Sueños que vienen desde muy lejos, y que comienzan a hacerse realidad hoy día.
Sueños que se iniciaron por ejemplo, en esa larga marcha indígena, que partiendo desde Trinidad, cruzó todo el territorio boliviano para decirle al país “Queremos, necesitamos, exigimos Asamblea Constituyente; y la exigimos porque nosotros no nos vemos reflejados en esta constitución, y la reclamamos porque nuestros derechos no están en las leyes, y la soñamos, porque queremos ver un país de indios, de mestizos y de k'aras”. Y hoy día compañeros, tenemos un Presidente indígena, tenemos ministros cholos, indígenas y k'aras, tenemos un país integrado.
Pero esto no es suficiente. Debemos hacer algo más, debemos construir la estructura legal que haga posible que este hecho significativo hoy día no sea simplemente una anécdota en la historia de nuestro país, que se convierta en la costumbre, que esté normado por la ley y queremos, necesitamos, exigimos un país en que los sectores abandonados, olvidados de toda nuestra nación se sientan integrados, se sientan parte, no solamente pasiva llamada para votar, si no que esté presente para tomar las grandes decisiones nacionales.
Bolivia es un conjunto armado al ritmo de la guerra. Fuimos, en esta parte de América Latina, una nación que luchó “la primera”, y que se independizo “la última”.
15 años de lucha defendiendo la independencia de nuestros hermanos en el Sur, y enfrentando a los invasores que todavía se mantenían en el Norte.
15 años sin pensar en nosotros mismos, y después de esos 15 años, se construyó en este territorio, sobre la sangre de indios, de cholos, de mestizos, de los patriotas, se construyó un país que respondía solamente a un grupo social. Y hoy, 180 años después, recién podemos decir “vamos a hacer una patria para todos”.
Y una patria para todos significa exactamente que todos sintamos que somos capaces y que efectivamente lo hacemos, de participar en la toma de decisiones. Hemos vivido estos 180 años bajo el mando de un gobierno excesivamente centralizado; y no se trata solamente de un gobierno, se trata de todas las instancias, de todas las estructuras de este país, absolutamente centralizadas.
El portero de una escuela de Roboré o de Guayaramerín o de Yacuiba, tiene que esperar un memorandum firmado en La Paz para poder tomar posesión de su cargo; esto tiene que terminar. Pero tiene que terminar también nuestra costumbre centralista.
Nosotros estamos en un juicio, y cuando el juez dicta algo que no nos gusta vamos a la Corte Superior , y la Corte Superior pasa a la Corte Suprema , nada se resuelve en los niveles correspondientes, todo se resuelve arriba, y nosotros somos parte de esa cultura.
Llegamos a La Paz para hablar, “no con el Viceministro, es poca cosa el Viceministro”; con el Ministro “bueno, en ultima instancia”. “Yo quiero hablar con Evo, quiero que Evo me resuelva mi problema”, y este centralismo debemos terminarlo.
Debemos lograr que cada tema sea resuelto en el nivel que corresponda, y este es el sueño de las autonomías. Claro, como todo sueño, puede resultar, a veces exagerado. Pero cuando lo instalemos en la realidad, tenemos que entender que la autonomía debe partir de principios de integridad nacional; porque si no somos una sola nación, nos van a comer a pedacitos.
Y debe instalarse en el principio de la solidaridad. Porque yo, que he nacido en el Beni, me siento profundamente paceño, donde he vivido más de 50 años; y me siento emocionalmente tarijeño porque me han recibido con mucho cariño; y me siento esperanzadamente pandino porque sé que allá está la defensa de nuestra patria; y me siento cruceño y cochabambino, y chuquisaqueño, y potosino, y orureño, porque quiero a esta patria que se llama Bolivia.
Me gustaría decir, compañero Presidente, “misión cumplida”; pero esa no es la frase que corresponde. En este momento estamos iniciando un proceso que es largo, que es complicado, que es conflictivo, pero que es altamente esperanzador. Y lo es por una razón sencilla, Presidente, estamos hoy día dando el primer paso del futuro de nuestra patria. ¡Viva Bolivia! Gracias.