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La carga se acomoda en el camino

             

Por Marcos Farfán Farjat
Abril 25, 2008

 

Cuando un vehículo va cargado, en exceso, con sacos de papas y el camino a recorrer es muy largo, tortuoso y cuesta arriba, la tendencia natural es que estos sacos se vayan acomodando en el camino. Algunos, sin embargo, debido a los baches y barquinazos  querrán salirse y caer en el camino. Cuando esto sucede,  corresponde  detener el vehículo y reacomodar los sacos, pero como el camino es demasiado largo, muchas papas  se pudrirán y para evitar que  la podredumbre contagie al resto de la carga, habrá que detener nuevamente el vehículo, pero esta vez, para deshacerse de esta carga inservible, echarla a la vera del camino y seguir, en primera, camino arriba hasta llegar a destino.

Paradójicamente, lo que sucede cuando se transporta una carga de papas, es muy similar a lo que está sucediendo con la construcción de un proceso democrático, popular y revolucionario como el de Bolivia.   Este vehículo que se llama país, tiene en su seno inmensas potencialidades para su desarrollo: Un pueblo trabajador, conformado por obreros, intelectuales, profesionales, industriales, artesanos y pequeños comerciantes, acostumbrados al sacrificio, desarrollando cientos de iniciativas que contribuyen a nuestro desarrollo, al igual  que los millones de campesinos e indígenas que  trabajan la tierra de sol a sol para dotar de alimentos a nuestra nación, quienes son los forjadores de este proceso y,  a todos  a su vez, los une el común denominador de la solidaridad, sinceridad y pureza que nace del esfuerzo con el que se desenvuelve su vida cotidiana.

En cambio, existe un costal de papas podridas que se ha beneficiado durante toda nuestra historia contemporánea del uso abusivo del poder y particularmente  los últimos  veinte años utilizando gangas que les brindaba el modelo neoliberal. Han saqueado al Estado y se han enriquecido gracias a él, obteniendo jugosas consultorías, cuantiosos pluses cuando estaban en función de gobierno y se han repartido también, las mejores tierras y haciendas del país con grandes créditos del Estado que hasta el día de hoy no han sido honrados y con inmensas subvenciones al combustible, de manera que la inversión propia en la producción que pudieran haber destinado, ha sido casi cero.

Los años posteriores a la revolución del 52 y, particularmente en el septenio de Banzer, con la transferencia irregular de recursos del pueblo en favor de algunas familias de Santa Cruz y el Beni, se ha dado lugar al nacimiento de un burguesía feudal- terrateniente típicamente parasitaria, que hasta el día hoy, sigue obteniendo  costos bajísimos artificiales en la producción agropecuaria, gracias a la subvención de los combustibles, lucrando con  el sudor del pueblo.

Cínicamente, sin empacho alguno, dicen que Evo Morales no gobierna para todos los bolivianos, sino solo para los indígenas y  movimientos sociales como si estos no constituyeran precisamente la inmensa mayoría de los bolivianos cuando, por el contrario,  eran ellos los que abusaban del gobierno para beneficiar a un reducido grupo de oligarcas y sus empleados tecnócratas que estaban al servicio de intereses foráneos.
 
Esa clase, vinculada al incesto bancario, a la corrupción y asalto al poder,  es la que ahora trata de hacer fracasar este proceso por que se encuentra profundamente herida, debido a que se han tocado por primera vez sus intereses, y a nombre de la autonomía pretenden recuperar sus privilegios y apropiarse de los recursos naturales como el hierro y el petróleo, en consorcio con  las empresas transnacionales y con  su tutor de Norteamérica.
 
Esta es la carga podrida de la que el país debe deshacerse.

Abril, 2008