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La elite intelectual cruceña

Por Bernardo Corro Barrientos (*)
Jueves 17 abril, 2008.

Por la fuerte polarización política regional actual, probablemente mucha gente de occidente, como el autor de estas líneas, pudo conocer un poco algunos aspectos de la vida y de la economía de Santa Cruz. Fue interesante conocer en particular el pensamiento de varios intelectuales cruceños respecto en particular a los preocupantes temas políticos actuales, como el de las autonomías.

Mientras algunas de estas ideas las encontramos fundamentadas, otras las vemos más bien como insuficientes. Mientras por un lado compartimos apreciaciones, por otro lado resaltan más bien las diferencias y falencias. Debemos aclarar que en occidente encontramos la misma topografía conceptual. En el tema de las autonomías, por ejemplo, encontramos muchas falencias y rezagos similares o peores. Otros, por su lado, se encuentran últimamente tratando de descubrir la pólvora sobre estos temas candentes (1). 
 
Volviendo al tema de los estudiosos cruceños, encontramos una regularidad en cuanto al tratamiento recurrente de algunos asuntos o “ejes temáticos”, como se dice en la jerga académica. En este breve artículo efectuaremos comentarios sobre algunos de estos temas, con los que encontramos sobre todo grandes diferencias.  

Concepción geográfica del Estado

En primer lugar, se detecta que muchos de los intelectuales cruceños tienen una concepción “geográfica” respecto a considerar la existencia de una separación institucional histórica entre los empresarios cruceños y el Estado Central. Consideran que en la historia del país, en particular en la del siglo pasado, los empresarios y la economía de Santa Cruz andaban por un lado y el Estado Central por otro. Esta concepción cae en una visión espacial del Estado al pensar que no había una relación entre ambos por existir una distancia geográfica entre ellos. La geografía es, por consiguiente, la variable definitoria de esta interpretación. No conciben que un Estado como institución pueda en sus funciones trascender las distancias y actuar como instancia representadora, articuladora y ejecutora de intereses económicos, políticos y sociales particulares.

Concretamente, esto significa que, en cuanto al periodo comprendido por lo menos durante la segunda mitad del siglo pasado, el Estado Central ha personificado, ha representado políticamente y ejecutado los intereses económicos y sociales de la clase dominante boliviana, bajo la dirección de la elite empresarial cruceña (algunas veces sin personajes “cruceños” reales). La magnitud de los flujos financieros públicos canalizados anualmente, desde los años cincuenta, por este Estado Central hacia Santa Cruz es la variable que indica la orientación y la dirección principal de los intereses de clase de este Estado Central. Mientras estos flujos eran canalizados de preferencia hacia Santa Cruz, se abandonaban, sin embargo, a su suerte a las otras regiones generadoras de esos flujos.         

Mentalidad empresarial y mentalidad rentista

En segundo lugar, se observa que varios intelectuales cruceños interpretan que en la gente de Santa Cruz dominaría una mentalidad y una dinámica “neoliberal y empresarial”, mientras en occidente prevalecería un espíritu “rentista, pasivo y dependiente del Estado”, incapaz de generar riqueza por su propio esfuerzo. El resultado de estas mentalidades diferentes sería que la economía de Santa Cruz crece, es próspera y dinámica, mientras la de occidente es estancada y pobre. 

Esta interpretación no está basada obviamente en la historia real y sobre todo en los datos económicos y estadísticos. Esta interpretación, desconoce que los excedentes generados en occidente –la minería, la industria, el comercio- fueron canalizados crecientemente hacia Santa Cruz desde los años cincuenta tanto por el Estado Central autoritario, como sucesivamente por el Estado Central neoliberal. Los recursos públicos y de endeudamiento externo financiaron durante décadas el desarrollo de la actual mejor infraestructura básica del país, la más extensa red de caminos y carreteras pavimentadas y la agroindustria más moderna entre otros. La masiva inversión pública permitió a su vez el arrastre de la inversión privada. Esta inversión, a su vez, impulsada por los apoyos y facilidades permanentes del Estado Central a grupos de familias durante más de cuatro décadas, como las liberaciones impositivas, aduaneras, de transporte ferroviario, así como los apoyos crediticios de los bancos estatales de fomento y las condonaciones posteriores, constituyeron la base de la acumulación de capital del sector empresarial cruceño. Ningún otro sector empresarial del país contó jamás con estos apoyos.

No se debe olvidar, simultáneamente al proceso anterior, el surgimiento y la expansión del gran latifundio desde los años cincuenta, gracias al impulso del Estado Central autoritario inicialmente y neoliberal después. Actualmente, este grupo de latifundistas y agroindustriales constituye la clase social dominante de Santa Cruz. Pese, sin embargo, a los cuantiosos recursos públicos absorbidos durante más de cuatro décadas por este grupo, éste es aún dependiente del Estado Central y no podría sobrevivir ni un minuto sin los cuantiosos subsidios públicos anuales generados por todos los habitantes de este pobre país. Se estima que el valor del conjunto de subsidios públicos y apoyos del Estado Central a la actividad soyera cruceña (diesel, devolución de impuestos, etc.) podría situarse cerca de cuarenta por ciento del valor de las exportaciones totales de la soya y los derivados (alrededor de 470 millones de dólares en 2007). Esto, obviamente, constituye un escándalo en cuánto a la historia de los subsidios públicos en América Latina.

Para que pueda existir el perfil del empresario emprendedor verdadero, innovador, de tipo “schumpeteriano”, como la imagen que difunde la mitología del comité cívico de Santa Cruz, este debería ser sobre todo y primeramente “independiente de los subsidios del Estado”, con una actividad basada en sus propios recursos e iniciativas y competitivo. Se trata, en realidad, de una elite empresarial fuertemente rentista, probablemente la más dependiente de los recursos del Estado de América Latina.

Falacia del gran dinamismo

En tercer lugar, es frecuente escuchar y leer que la economía cruceña basada en la soya presenta “un gran dinamismo” y pujanza respecto al contexto económico nacional y latinoamericano. Si bien algunos resultados como los de producción y exportaciones dan esta imagen, otros datos sobre la soya menos difundidos, sin mencionar los subsidios ya vistos, un dinamismo y competitividad en realidad bastante baja en el contexto latinoamericano y mundial. Mientras en Bolivia se registró en los últimos años una producción de 1.9 toneladas por hectárea, Brasil y Argentina producen alrededor de 4.5 TM por Ha. Se experimenta, además, una peligrosa declinación de los rendimientos productivos desde hace más de una década. Mientras la superficie dedicada a la producción de soya creció  en 94 % entre los trienios 1994-1996 y 2004-2006, se registró simultáneamente una declinación de 14 por ciento en el rendimiento de TM por Ha (2).

Esta caída de largo plazo en los rendimientos determina la necesidad de los latifundistas cruceños de expandir continuamente sus latifundios, pese a la fuerte depredación de los suelos. El recurso a los insumos tecnológicos no es capaz de compensar la baja calidad de los suelos. Solo la expansión ad infinitum del latifundio podría contrarrestar la declinación. El proyecto autonomista presenta, por consiguiente, en el mediano plazo, una enfermedad mortal en el fondo de su corazón. Lamentablemente, esta es la fuente de inspiración de los estatutos autonómicos de Santa Cruz. 

Respecto a las exportaciones, aquí también se revela el carácter poco dinámico y de baja competitividad de la actividad empresarial soyera respecto al dinamismo de otras economías. Como se sabe, la soya y derivados pueden ser exportados únicamente al mercado andino (Perú, Ecuador, Colombia y Venezuela) y no a otro lugar gracias sobre todo a las preferencias arancelarias que este mercado les otorga. Sin estas preferencias conseguidas por el Estado Central de Bolivia, no se podría exportar ni un kilo y otros países como Argentina, Brasil otros podrían inundar el mercado andino con su producción.         

Modernidad económica y atraso sociopolítico

En cuarto lugar, se lee últimamente en los círculos más cultos de la sociedad cruceña (3) que “la superestructura cruceña actual no corresponde al desarrollo de las fuerzas productivas, que la modernidad económica y la modernidad sociopolítica no se corresponden”. El autor de esta opinión entiende este fenómeno como al estado de atraso cultural y de valores sociales y humanos (intolerancia cultural, racismo, provincianismo, etc.) en que las elites intelectuales cruceñas se encuentran,  pese  al considerado por este intelectual gran dinamismo productivo y a la internacionalización económica de la región.

Esto nos conduce a conceptualizar sobre el tipo de economía dominante en Santa Cruz hasta el presente y a definir el carácter de la superestructura o el conjunto de valores sociales y culturales generados por esa economía. Pese a que consideramos que no existe en general una relación mecánica entre superestructura ideológica y base económica, encontramos que en Santa Cruz el tipo de valores culturales dominantes actualmente que menciona Prado se relacionan estrechamente con el tipo de economía dominante.  Por lo descrito en anteriores párrafos, lo que se observa en cuanto a las relaciones económicas dominantes en la economía cruceña es el latifundio, el rentismo dependiente de los subsidios y apoyos del Estado Central, el alquiler generalizado de parcelas del latifundio a productores medios, la falta de competitividad interna y externa de los productos. En cuanto a los eslabones superiores de la cadena productiva de la soya, por otra parte, encontramos poderosas estructuras oligopólicas aceiteras que frenan el desarrollo de la industria de libre competencia.    

Se trata, por consiguiente de una base económica con relaciones productivas dominantes semifeudales, precapitalistas, de baja productividad, rentistas y dependientes del Estado, y no competitivas externamente desde el punto de vista comercial. La superestructura de este sistema económico, es decir, los valores ideológicos, culturales y sociales de los empresarios y latifundistas emergentes de estas relaciones económicas han sido moldeadas en gran medida por estas relaciones económicas. Es difícil, en este contexto, que esa base económica pueda generar de manera masiva en los empresarios cruceños otro tipo de valores éticos, morales y culturales, similares a los del mundo democrático moderno y contemporáneo.    

1)  Bernardo Corro, Descentralización, autonomía y desarrollo, La Razón, 23 de agosto 2003.
2)  Instituto Nacional de Estadísticas, Anuario Estadístico 2006
3)  Fernando Prado Salmón, Semanario Pulso, 6 -12 de abril 2008.

(*)  El autor es Doctor en Economía,  Tel 712 82202, Casilla postal 5224, La Paz Bolivia.