

Juicios y Prejuicios sobre la Nueva Constitución Política del Estado
Por Jenny Ybarnegaray Ortiz
La Paz , 7 de enero de 2008
En días pasados sostuve una “conversación electrónica” con un pariente chuquisaqueño que actualmente reside en Santa Cruz, a propósito de la nueva Constitución Política del Estado (CPE). Siguiendo esa conversación, aquí van mis reflexiones y respuestas a los juicios y prejuicios que circulan con relación a la misma.
Hay gente que sin conocer el texto de la nueva CPE, emite una serie de juicios de valor al respecto y la mayor parte de ellos están referidos a la manera cómo se lo aprobó, primero “en grande” y ahora “en detalle”, no a su contenido mismo; sin embargo, afirman despectivamente que “ya lo conocemos” ¿lo conocen? Particularmente, yo no conocía el texto antes de recibirlo y leerlo, no obstante que estuve siguiendo el proceso de cerca. Habrá pues que concederles, como premisa, que cada quien ve y analiza la realidad desde muchos lugares, desde el lugar que ocupa en la sociedad (condición y posición de clase), desde su identidad étnica, desde su ideología política, desde su vivencia cotidiana (familia, amistades, actividad laboral); por lo tanto, nadie puede pretender tener “la verdad” de su lado. Cuestiones como las que acontecen ahora (y siempre) en Bolivia suscitan nuestras reflexiones/acciones justamente desde esos lugares y yo tampoco me excuso de ello; por lo tanto, no pretendo ser dueña de la verdad, simplemente soy una ciudadana que observa y vive la realidad desde un lugar determinado, desde un compromiso con la sociedad.
Como argumentos de deslegitimación señalan que “es claro que no hubo el consenso necesario”, y que es “ilegal e ilegítima” por la forma en que fue aprobada. Con relación al consenso, al menos debieran tener la hidalguía de reconocer que durante varios meses muchos/as estuvieron trabajando en ello, aunque no siempre lo alcanzaron y, sin duda, todos y todas las asambleístas tuvieron allí, en la Asamblea Constituyente , la oportunidad de expresar el disenso, prueba de ello es que existen informes de “mayoría” y “minoría”; pero, en la “recta final”, la “minoría” abandonó el proceso; por lo tanto, es claro que el texto recoge fundamentalmente los informes de “mayoría”. Supongo que a eso se refieren cuando dicen que el texto aprobado no incluye consensos. Claro está que los consensos son deseables, pero hay momentos en que no son posibles porque simplemente existen posiciones irreconciliables y en esas condiciones la mayoría manda, ese es el sentido básico, elemental, de la democracia.
No obstante, también invito a considerar que si no los hubo fue porque no tenían la voluntad de alcanzarlo, ya que allí concurrieron, forzados/as por las circunstancias, quienes siempre se sintieron cómodos/as con lo que ocurría en este país y no veían ni ven la necesidad de cambiar nada excepto hacer aprobar su “estatuto autonómico”, por todas las razones justificables y no tan justificables que existen detrás de ese propósito. En cambio, “del otro lado” estaban quienes veían en ese proceso la primera oportunidad de ser parte (de verdad) de este país/nación/estado, de implantar en la nueva CPE sus sentidos de pertenencia, sus identidades, abierta y subrepticiamente negadas por siglos. En esas condiciones ¿puede establecerse un “diálogo” sincero, de ida y vuelta, orientado a lograr consensos? Claro que si, pero para ello hace falta una auténtica capacidad de desprendimiento de juicios y prejuicios, de un lado y del otro; aunque, desde mi punto de vista, la exigibilidad de esa voluntad es mayor hacia quienes están en mejor posición, por sus oportunidades de educación, por su mayor ejercicio de ciudadanía, que a los/las otros/as.
Por lo que puedo apreciar, la nueva Constitución incluye visiones y posiciones incluso contradictorias, aún a riesgo de ser juzgada de incoherente; en este sentido es, pues, un instrumento de inclusión, no de exclusión, como pretenden mostrarla. En consecuencia, en la medida en que expresa el sentir y el pensar de las grandes mayorías nacionales, el texto de la nueva Constitución es legal y legítimo, pese a los modos que tuvieron que darse para aprobarlo, en medio de las agresiones dirigidas por quienes se resisten a comprender que este país es de todos/as nosotros/as, no solo de unos/as cuantos/as, los/las “de siempre”.
Señalan “sabemos quienes están detrás de muchos de ellos, personas e instituciones interesadas que saben cómo hacerles hablar y cuándo deben levantar la mano”. Una inadmisible muestra de menosprecio, por cierto. Sin embargo, puede que sea cierto, por ejemplo, se pudo advertir que la mayoría de los y las constituyentes de PODEMOS tenían por detrás al Comité Cívico de Santa Cruz, que les decía cuándo debían levantar la mano y cómo hablar. También pretenden “saber quienes lo redactaron” ¿quiénes? Seguí de cerca el proceso de la Asamblea Constituyente (AC) y comparando los informes de algunas de las comisiones con el contenido del texto final, creo no equivocarme al afirmar que lo redactaron las y los constituyentes. Que existió “apoyo externo”, por supuesto ¿qué de extrañar al respecto? En el caso del Congreso Nacional, que se ocupa de cuestiones de menor importancia que la “ley de leyes”, cada congresal está autorizado/a a contar con asesores/as ¿por qué no la Asamblea Constituyente ? Y, en cuanto al criterio de que los/las constituyentes eran los “únicos responsables” de redactar la nueva CPE, no estoy de acuerdo, porque yo, ciudadana de este país elegí mis representantes para apoyarles en su tarea y no me parece que nuestra responsabilidad ciudadana concluya con la emisión del voto.
Considerar que las y los asambleístas presentes en las plenarias de aprobación “con seguridad… no lo leyeron ni lo analizaron”, demuestra fehacientemente cómo y cuánto alguna gente subestima a sus representantes. Es posible que no todas/os, hubieran leído todo, porque cada quien trabajó en una comisión distinta; sin embargo, admito que también es posible que algunos/as no hubieran leído el texto porque sólo fueron al foro a intentar boicotearlo, entonces ¿por qué se iban a pasar el trabajo de leer cosas que no les interesaba siquiera discutir?, pero eso ya es historia, porque tampoco estuvieron ahí para oponerse con argumentos.
Tampoco creo que “todos sepamos en que condiciones sucedieron los acontecimientos”, sabemos lo que los medios nos transmitieron, no lo que en realidad estaba pasando en Sucre; sabemos que hubieron riñas y peleas, que don Román Loayza se cayó de cabeza en la fosa del teatro “Gran Mariscal” y por poco pierde la vida, sabemos que doña Silvia Lazarte tiene dificultades para comunicarse en castellano… En realidad, sabemos poco, sabemos de las anécdotas, y poco más… Lo que yo sé es que trabajaron durísimo, sin pausa, con muchísima presión de todo lado, con amenazas de todo tipo. También se que en los meses de trabajo efectivo, probablemente después de… no me atrevo a medir el tiempo, la “culta Charcas” volvió a apreciarse de ello, porque cada día había eventos de toda naturaleza, donde se ponía en consideración todos los temas que hacen a las preocupaciones nuestras, desde como concebir el derecho a la vida, pasando por cómo distribuir la tierra de manera más justa, hasta cómo definir nuestra identidad colectiva, TODO SE PUSO EN CUESTIÓN. Un ejercicio absolutamente necesario en un país donde unos cuantos señores (y pocas señoras) siempre tuvieron la palabra, el derecho a la opinión, la atención de los medios escritos y televisivos para emitir sus criterios, acertados y disparatados, y el resto tenía que escucharles con la boca abierta. Eso es lo que no transmitieron los medios, porque eso no es “noticia” ni suscita conflicto o atención morbosa. Lo digo porque lo vi, no me lo contaron. Un informe de seguimiento a los medios de comunicación realizado por la fundación UNIR confirma esta apreciación.
Sobre la “violación a la democracia”, francamente, me provoca sorna ver y escuchar a ciertos personajes bien conocidos (ex - adenistas, miristas, movimientistas, eneferistas, ucesistas, etc., etc., que ahora se vistieron de podemistas, unistas, y no sé cuantos disfraces más) que aplaudían a rabiar a cuanto dictadorzuelo se hizo del poder, o que por sí mismos/as se hicieron del poder en democracia para volverse millonarios/as de la noche a la mañana, para colocar a sus hijitos/as y a cuanta parentela allegada podían en los “puestos clave”, quienes cometieron atropellos contra la vida y la dignidad humana, y ahora se rasgan las vestiduras reclamando democracia. Por fortuna, ya tengo edad suficiente para tener memoria, más atrás de los últimos 25 años de “democracia pactada” y ME ACUERDO BIEN QUÉ ES Y CÓMO SE EJERCE LA DICTADURA DE VERDAD. La viví cuando el país era presidido por los Banzer, Pereda, Natush Bush, García Meza, Arce Gómez y otros criminales de su calaña, y puedo hacer la diferencia; sin dudar ni pestañear un segundo, a mi modo de entender las cosas, este gobierno no se parece en nada a esos verdaderos y abominables totalitarismos, de los que muchos declarados “demócratas” de hoy día gozaron a sus anchas. O sea que me tienen sin cuidado sus apelaciones a la democracia, ¡hipócritas! ¿Qué la democracia está en riesgo? ¡Claro que si! SU DEMOCRACIA está en riesgo, ¡Enhorabuena!, me siento afortunada de vivir en este momento histórico, cuando todavía tenemos oportunidad de construir una democracia en la quepamos todos y todas, sin distinción de color, sexo, religión, opción ideológica, más o menos plata, más o menos educación ¡qué bueno que ESA democracia esté en riesgo, ojala podamos enterrarla de una vez por todas!
Tampoco me convencen con sus lagrimones quienes hoy se conduelen por tres desafortunados ciudadanos que perdieron la vida en Sucre (dos de ellos con balas de calibre no oficial, uno de ellos militante del MAS) y en octubre de 2003 decían “El Goni debió meter bala de verdad y matar no 80 sino 2000 alteños” (me lo dijo Germán Gutiérrez Gantier, mi ex – compañero del PS1, y que hoy se constituye en un gran defensor de la capitalidad porque, probablemente, ya no cabe en el escenario político nacional). Y, en cuanto a la legitimidad de las demandas chuquisaqueñas, me pregunto ¿existen demandas colectivas ilegítimas? Probablemente si, generalmente no. No dudo de que Sucre tiene un anhelo, que las y los sucrenses aspiran a que sus hijas e hijos no se vayan a buscar la vida a cualquier otro lugar porque allí no tienen oportunidades de trabajo digno, como les ocurrió a muchos/as chuquisaqueños/as hoy radicados/as en Santa Cruz, La Paz , Cochabamba o en el exterior. Esa demanda es legítima desde cualquier punto de vista, y eso es lo que está en el sentir y pensar de gente sencilla con la que tuve oportunidad de conversar. Para ellas y ellos, capitalidad plena es sinónimo de pleno empleo; es también una reivindicación histórica, posiblemente representa otras cosas más, pero lo primero y más importante es eso: oportunidad de empleo.
Yo simplemente dudo de la legitimidad del Comité Interinstitucional, representado por las cabezas de las instituciones chuquisaqueñas (Gobierno Municipal de Sucre, Universidad Mayor Real y Pontificia de San Francisco Javier de Chuquisaca, Federación de Empresarios Privados, Comité Cívico y no sé quiénes más). Porque fueron sus “autoridades”, acompañadas de medios de comunicación a su servicio, quienes convocaron a la violencia, incitaron actos vandálicos, recurrieron a argumentos de toda índole y contribuyeron a que del fondo de las conciencias ciudadanas surjan antiguos odios plagados de racismo (“Evo=indio de m…”, paceño=indio=pico-verde=runa-miku=llama), de irracionalidad política (“todo o nada”) y hasta de homofobia (“Linera=ramera”). Esas son las palabras y expresiones plasmadas en las paredes de la culta ciudad, en las bocas de sus ilustres ciudadanos. Dudo de la legitimidad de quienes impulsan procesos de alto riesgo y que a la hora de las definiciones se van de viaje (como lo hizo la alcaldesa Aydée Nava), para llegar al entierro con los ojos llenos de lágrimas. Dudo de la legitimidad de rectores universitarios que declararon “héroes” a los estudiantes que participaron de la revuelta, que incendiaron inmuebles de oficinas públicas, que destruyeron el patrimonio colectivo, y les eximieron de exámenes finales ¿qué tiene que ver lo uno con lo otro? En mis tiempos juveniles fui partícipe activa del movimiento universitario, pero jamás nadie me concedió una ventaja de ese tipo y me hubiera dado vergüenza solicitarla. Por lo tanto, al menos admitan que toda verdad tiene dos caras.
Mi pariente señala que “Graves errores ha cometido este gobierno que tuvo la gran oportunidad de ayudar a construir un país para todos y con visión hacia el futuro. Se esperaba justicia y no venganza. Se esperaba afecto y comprensión y no rencores. Hizo lo contrario, gobierna con una marcada incompetencia profesional y muestra graves anti-valores, resentimientos sociales y corrupción, en medio del engaño y del doble discurso. Se muestra una tendencia hacia el caos y el totalitarismo”. Bien, que bueno que esas cosas les ocupen y preocupen a personas de su entorno, profesores universitarios, ilustres profesionales, “gente de bien”, “gente decente”. Sin embargo, me permito recordarles que nosotros (me incluyo) pertenecemos a una clase social distinta a la que está hoy en el gobierno. La mayoría de quienes ahora gobiernan el país no tuvo nuestras escuelas, nuestras universidades ni nuestros post-grados, y por supuesto que cometen errores, muchas veces gruesos, no lo dudo. Yo acuso de ignorantes a quienes tuvieron y tienen todo en sus manos para salir de ella y prefieren quedarse en el molde de sus prejuicios, sus errores y rencores, no a quienes carecieron de esas oportunidades. A mi modo de ver, mucho de lo que está pasando hoy y que nos causa tanto escándalo, denuncia a gritos el fracaso de la educación boliviana, por la que poco o nada hicieron, en dictadura y democracia, todos quienes les antecedieron en el manejo de la cosa pública. Por otra parte, mi pariente y otros/as, dicen “se esperaba…”, ¿quién esperaba todo eso?, yo no, simplemente porque entiendo que cuando una persona está por toda su vida parada en la vereda del no-poder, probablemente cruzará a la vereda del poder (decidir) con muchas “cargas” por resolver y pasará un tiempo prudente (largo o corto) antes de quitarse ese “k'epi” de la espalda. Tendremos que soportar todo eso y mucho más, porque ellas y ellos aguantaron harto y no tuvimos compasión.
¿Doble discurso? ¿Engaño? Sin pretendido maternalismo, yo percibo un discurso muchas veces poco inteligible, quizás porque no hablan en su lengua materna sino en la nuestra, porque no dominan la oratoria, porque carecen de los exquisitos argumentos filosóficos que otorga la “buena educación” que nosotros tuvimos ¿pero, “doble”? Asevérenme que el Comité Pro-Santa Cruz y el resto de prefectos de la “media luna”, incluido el de Cochabamba, tienen un discurso rectilíneo, sin dobleces ni intenciones ocultas, y comprenderé tal argumento, mientras tanto, esperaría que demuestren sin adjetivos y con ejemplos claros los “dobleces” del gobierno. Lo que yo percibo son contradicciones, fruto del proceso de aprendizaje empírico, fundado en el “ensayo y error”, que están forjando; lo que, indiscutiblemente, no les exime de “responsabilidad pública”, la misma que será oportunamente juzgada por la ciudadanía cuando volvamos a las urnas, sea en el referéndum ratificatorio/revocatorio anunciado, sea en futuras elecciones nacionales.
“Caos y totalitarismo”, otras dos palabras que escucho repetidamente en los discursos de los cabildos de la “media luna”. No voy a redundar en explicar qué cosa es el totalitarismo, sólo hay que revisar la historia de Bolivia para tener una clara idea de ello. Sobre el “caos”, señálenme un periodo de la historia en que este país haya vivido de otra manera y concederé la observación ¿cuándo no hubo caos? Cuando los verdaderos totalitarios conculcaron la voz de la gente con “orden, paz y trabajo” y la obligaron a caminar “con el testamento bajo el brazo” si se atrevía a disentir. Hoy se percibe caos, cierto, es el caos consubstancial a nuestra “particular manera de ser” ¿alguna novedad? Es un lindo caos porque todo el mundo tiene derecho a decir lo que le da la gana, a expresarse como quiere, incluidos los muchachitos “tan demócratas” de la Unión Juvenil Cruceñista y otros grupos fascistoides de igual y peor calibre.
Del mismo modo, se lamentan de que en este país “vivimos de crisis en crisis”. Probablemente otra diferencia con quienes se acongojan de ello, sea que también estamos aquí quienes no vivimos ese hecho como tragedia griega, sino como señal de que no hemos podido resolver aún las cuestiones básicas que hacen a una nación-estado, tarea que estuvo en manos de la “clase pudiente y dirigente” por casi dos siglos y la hicieron mal, tan mal la hicieron que aquí y así estamos, pienso yo. Al menos admitan, por un mínimo de honestidad histórica e intelectual, que “algo” han debido de hacer mal los que antecedieron a Evo para llegar al punto de quiebre al que hemos llegado. Por mi parte y otra vez, sin ánimo maternalista y sin que me lo pidan, les otorgo el derecho a la equivocación, porque en verdad poca “autoridad moral” tiene la “clase pudiente y dirigente” para condenarles por sus errores. Habrá pues que tener paciencia, santa paciencia, señoras y señores.
Comparto plenamente los principios de respeto a los derechos humanos fundamentales, del sentido del deber, de deseo sincero de trabajar en la interacción, la justicia y la equidad social, de respeto a la democracia, y pienso que hoy, más que nunca, el deber nos llama para poner nuestra “capacidad de juicio… y de autonomía en las decisiones, para ser mas eficientes, para desarrollarnos en la educación, la salud, la cultura, la economía y en todas nuestras múltiples necesidades”, al servicio de un proceso socio-político que está orientado a saldar cuentas históricas con las grandes mayorías nacionales, a avanzar en sentido del reconocimiento sincero al aporte de millones de pobres, hombres y mujeres, que con su pobreza sostuvieron nuestra cómoda forma de vivir, cocinando nuestra comida, construyendo nuestras casas, produciendo los alimentos que cada día nos llevamos a la boca, “quienes pueden contribuir con el desarrollo de verdad”, no solamente a emprendedores/as privados/as que construyeron su capital con honestidad (que los/as hay, los/as hay, sin duda; pero, también hay de los/as otros/as, a no negar, por favor).
Yo también procuro ser coherente con mis pensamientos socialistas, pensamientos que sostengo incólumes desde que tengo uso de razón y, aunque no profeso la religión católica, he sido educada en ella, de la que he tomado los principios de bondad, tolerancia, respeto a los seres humanos, amor al prójimo, como fundamentales, porque también son principios socialistas. En respeto a esos principios, cada quien tiene la libertad de elegir el camino que considere correcto, unos eligen el “camino dorado del medio, único camino que en la paz de la interiorización profunda, nos hace vivir la verdad y la iluminación”; ese es UN camino, pero no necesariamente el “único” para “unirnos fraternalmente, respetando la diversidad y la multiculturalidad”. También es cierto que “nuestro país tiene riquezas muy valiosas y podríamos ser grandes, si supiéramos convivir y mirar hacia el horizonte”, además si supiéramos convivir entre todos y todas sin despreciar a nadie, aún a las personas ignorantes por elección. Así es que no comprendo cómo se pueden conciliar adjetivaciones a la AC como lugar de expresión de un “indigenismo folklórico y bárbaro” con el criterio de respeto a la multiculturalidad.
Para concluir, recomiendo a todos/as hacer el esfuerzo necesario, por simple deber civil, de leer el texto de la nueva CPE y me pongo a la tarea en primer lugar, ya que mientras yo escribía estas reflexiones, la estaban aprobando en Oruro, en ausencia de quienes por juicio y prejuicio no quisieron participar de la fiesta, aunque sea para decir “no”, como lo hizo el grupito de Doria Medina.