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Mamarracho electoral: el Referéndum de Santa Cruz


Por Hugo José Suárez
Mayo5, 2008

En principio, todo demócrata que se precie debe aplaudir un referéndum, entendiendo que éste será un mecanismo a través del cual los gobernantes someterán sus decisiones a consulta popular.  Sin embargo, para que sea legítimo y sus resultados tengan alguna validez, un mínimo de requerimientos son indispensables –no sólo necesarios-.

Evidentemente primero debe existir un árbitro neutral.  En América Latina ha costado mucho construir instancias no controladas por los poderosos para que el voto no esté conducido ni manipulado.  En el caso boliviano, la Corte Nacional Electoral es precisamente quien debe cumplir la tarea de asegurar que las reglas del juego estén claras para todos.  Además, los que pretenden competir deben tener igualdad de condiciones para emitir publicidades y argumentos en medios públicos para que el votante tenga posibilidad de elegir con información relativamente plural y veraz.  Todos los sectores implicados deben tener la posibilidad de hacer una campaña a favor de lo que creen que es la mejor opción.  Por lo delicado de estos procesos, es recomendable contar con observadores internacionales de probada reputación y neutralidad que garanticen que no existirá ni fraude ni irregularidades.   Finalmente, la gente debe tener libertad para participar en el proceso sin presiones violentas.  Se trata, en suma, de buscar un escenario de competencia honesta y transparente entre propuestas, y evitar mecanismos que aplanen el verdadero ejercicio de voto popular.

Si bien todo lo señalado es obvio –imagino que materia de primer semestre de cientistas políticos-, en el caso de la consulta realizada el 4 de mayo en Santa Cruz se violaron sistemáticamente todos y cada uno de los preceptos democráticos.  La convocatoria se la realizó al margen de la Corte Nacional Electoral, acudiendo solamente a la Corte Departamental que no tiene facultades para ello y que comparte escandalosamente intereses con la Prefectura y el Comité Cívico.  El contenido de la boleta estuvo dirigida hacia una respuesta, la campaña solamente la hicieron quienes querían que ganara el “sí” y para ello utilizaron todos los medios, legales o ilegales, para promover su propuesta.  Los votantes fueron coercionados de distintas maneras para votar en una dirección y no se tuvo ni un solo debate de ideas de las partes.  En cualquier país una elección con aquellas características sería anulada inmediatamente.

En esas condiciones, el resultado es obvio: según distintas fuentes, cerca del 45% de la gente no participó.  De los que sí votaron, la mayoría lo hicieron –evidentemente- por la propuesta oficial. El 4 de mayo se vivió la jornada electoral más violenta de la historia democrática de Bolivia, se quemaron ánforas, se golpearon a periodistas extranjeros y nacionales, comunidades indígenas enteras rechazaron la participación, barrios populares desenmascararon el fraude mostrando ánforas llenas con votos marcados artificialmente por el “sí”, hubo un muerto, 18 heridos y 40 detenidos. Algún chofer de la Corte Departamental Electoral fue encontrado borracho transportando las ánforas desde Camiri hacia Santa Cruz, etc., etc. Ni hablar de los cientos de personas que se manifestaron en otras regiones del país en contra del mentado referéndum. 

Pero claro, al final de la jornada, olvidando el proceso y las condiciones deplorables de su consulta, la Prefectura y el Comité Cívico realizaron una gran fiesta autoproclamándose vencedores.  Cierto, confundieron lo que es hacer una verbena, con un proceso de participación popular.  Tras este resultado falseado, el principio político que parece promover la oligarquía cruceña es: “miente, miente que algo queda”. 

El referéndum impulsado por los terratenientes locales no es más que un mamarracho electoral, que viola normas, leyes, procedimientos y que se hace la burla del pueblo de Santa Cruz, de Bolivia en su conjunto y de la democracia que tanto ha costado recuperar  y construir en el país.  Su resultado y su forma no alumbran, sino que oscurecen el futuro de la región y de la nación.

Dr. Hugo José Suárez
Instituto de Investigaciones Sociales - UNAM
Circuito Mario de la Cueva s/n
Ciudad de la Investigación en Humanidades,
Ciudad Universitaria, C. P. 04510,
Coyoacán, México, D. F.