

La traición del inconciente
Por Marcos Domich
Enero 9, 2008
Como dice la cueca chapaca del gran Nilo, después de tantas idas y venidas, a los prefectos de la llamada “media luna”, no les quedó otra cosa que acudir al diálogo abierto, sin corsés temáticos y poner las cartas sobre la mesa. El primer round, con sus maratónicas exposiciones que se prolongaron por casi 11 horas, tuvo un valor: Por una parte demostró que los “actores” (nunca mejor planteado este término) son capaces de superar sus determinaciones previas y mostrarse razonables, discutir y hacer algunas obligadas afirmaciones, como aquella de que “la unidad nacional no está en discusión”. Por otra parte, quiérase o no, entre líneas, dieron a entender cuáles son para ellos los “problemas de principio”.
No hubo grandes sorpresas ni revelaciones, excepto una: la del prefecto paceño Paredes. Pretendió jugar el papel de “gran componedor”; afirmó no pertenecer ni a la “media luna” ni al oficialismo. Pero en su discurso se equivocó de libreto y reveló, sin taparrabos, su verdadera pertenencia ideológica y política. Lo traicionó el inconsciente. Era un perfecto prefecto de la media luna con acento colla. Repitió todos los tópicos gratos a la derecha y supuestamente actuados por el oficialismo: promover el racismo, fomentar grupos de choque, aprobar compulsivamente la nueva Constitución Política del Estado (CPE); repartir cheques venezolanos, tolerar la ingerencia extranjera, etc. El gran componedor, en verdad, recordó que hay una derecha y una oligarquía altiplánica, no menos agresiva y cavernícola que la de los llanos. El asunto es de clase, no de oriente u occidente, ni de etnias. Además, Paredes sabe que el primer muerto, en un posible referéndum revocatorio, sería él.
Algunos prefectos fueron directos, descubrieron sus verdaderos objetivos al plantear que no se aceptaría la nueva Constitución e insistieron, con machaconería, en la usurpación que habían sufrido los departamentos al redistribuirse el IDH.
¿Qué enmascara el primero de estos dos pivotes de la política conservadora? Pues la intención de oponerse a la aprobación de una Carta Magna que consagre la ejecución y la irreversibilidad de algunos cambios progresistas. Decimos algunos porque, en contra de lo que han hecho creer muchos medios, el nuevo proyecto de CPE no es ni radical ni socializante ni comunizante, ni nada por el estilo. Pero amenaza al latifundio, a los servidores de las transnacionales; asegura que los recursos naturales son inalienables y consagra, al fin, un régimen de seguridad social, de pensiones y un régimen laboral que garantiza a los asalariados un conjunto de derechos y garantías que limitan drásticamente la “libertad” de explotar sin límite el trabajo ajeno. Por último, da a los pueblos de este país multinacional, plurilingüe y pluricultural, un status de respeto y dignidad. Estos aspectos de la nueva Constitución no gustan. Para nosotros, no es perfecta, posee aún muchas formulaciones imprecisas; es una Carta de transición que tendrá que someterse a nuevas revisiones y modificaciones que hagan de ella fruto e instrumento de la transformación de la sociedad boliviana. Entre tanto es el producto legítimo de una Constituyente que tanto bloqueo, sabotaje y perturbaciones debió soportar.
El diálogo continúa, pero aún es incierto su resultado final. Su éxito depende de la honradez, de la moral de sus actores; cuestión que aún está por demostrarse.