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Bolivia, en la víspera del trueno

Mayo 3, 2008

                     A Mario Miranda, honra de la república

 

¿De qué se hace la patria sino de inquietudes sedentarias?

Alta en el alba, Bolivia se levanta enarbolada de mitos

y razones porque quiere seguir siendo.

 

Siempre fue dura su vida y fue más grande su gana de perdurar.

Ni bien se liberó de la España colonial

le armaron una guerra para dejarla sin mar.

 

Cercenada a dentelladas de lobo en ayunas sangró

en sus costados oeste, este y sureste por

los motivos del guano, el salitre, el caucho, el petróleo.    

 

Ahora quieren reventarla por dentro.

Con un estatuto de exabruptos alistan la diabólica implosión.

Oligarcas, terratenientes y neonazis son las logias de la conjura.

 

Los odiadores de oficio predicen el tiempo cruel:

Por la patria cruceña (sic) no se debe morir, sino matar”

fue una soflama del separatista Valverde Barbery.

 

Y un Marinkovic del desquicio: “Sepan las madres cruceñas

que (en la guerra que viene) vamos a derramar la sangre

de sus hijos de manera responsable”.

 

A México vino un siniestro y propuso a sangre fría:

Nosotros pondremos la guerra, pongan ustedes la “misión

humanitaria” y el pueblo pondrá los muertos.

 

¿Qué les hizo Bolivia aparte de darles cuna, cobijo y fortuna?

La patria, dijo el justo, no es herencia de los padres;

es préstamo de los hijos.

 

País siempre recobrado a golpe de trabajo,

refriega y terca adhesión a la esperanza,

Bolivia va y viene cargada de energía y porvenir porque está hecha en el amor.

 

Su rango no es de media luna ni tristes cuartos menguantes.

Cuando la dejan habitar en democracia progresa a pleno sol

y canta a luna llena.

 

Fidel Castro dijo el jueves que el imperio “se empeña en

desintegrarla y someterla a trabajo enajenante y hambre”,

que “la consigna es castigar y deshacerse de Evo”.

 

Pero es también el gas, el agua y la biodiversidad del oriente

boliviano. Como durante 500 años fueron la plata, el oro,

el estaño, la heredad mineral ya desangrada.

 

Ahora que asume su soberanía y despliega la libertad

lejos de la bazofia neoliberal, zahieren su corazón en el oriente

y escupen a los Andes con infamia mediática.

 

Busca el imperialismo privatizar la Santa Cruz de la Sierra

boliviana, altar mayor del verde; hacerla tramposamente

autónoma para aplicar allí su hegemonía a futuro.

 

Sepa América Latina que si quiebran a Bolivia después

irán por ella. Tras su fracaso en Irak quiere la fiera bélica

rehabilitarse en nuestros predios.

 

¿Qué queda? A Marx le preguntaron sus hijas cual era

la expresión mayor de la felicidad. La lucha, les dijo aquel.

La lucha es la razón del que sigue soñando.

 

                                   JORGE MANSILLA TORRES

  

 
Rene Fernández <idearium@gmail.com>